“Todo el mundo gritaba órdenes… me llamaban por la derecha, por la izquierda… los doctores me pedían ayuda… las enfermeras gritaban que el paciente estaba dejando de respirar… el sudor empañaba mi vista, mi corazón latía aceleradamente… pero mi pulso estaba firme porque necesitaba mantener la calma y poder manipular con exactitud el respirador artificial, y los otros aparatos, porque de eso dependía la vida de los pacientes. Fueron dos horas interminables hasta que acabó la crisis de la emergencia médica donde murieron dos de los tres pacientes que habían llegado baleados en la cabeza”, relata con exactitud de detalles el joven salvadoreño al recordar una de sus experiencias más impactantes desde que empezó a trabajar como terapista respiratorio en el Hospital Monte Sinaí de Chicago, ubicado en el barrio mexicano de La Villita.

“Ser terapista respiratorio es lo más importante que me ha pasado en la vida. Me ha cambiado por completo. En un principio mi meta de estudiar era porque quería ganar mejor y vivir de otra manera, pero cuando ya me gradué y empecé a trabajar, me di cuenta que la mayor satisfacción no es el salario, sino lo que haces y la importancia de mi trabajo para la sociedad. Ganas respeto de la gente, la familia, de ti mismo; todo es ganancia, por todos lados. Es increíble como cambia todo, cómo te conviertes en otra clase de persona… no tengo palabras para describir lo bien que uno se siente cuando te conviertes en profesional”, comenta Hernández.

Hernández obtuvo el Título Asociado de Ciencias Aplicadas en Terapia Respiratoria diseñado para trabajar como terapeuta de respiración en hospitales, cuidado en el hogar y otros entornos de cuidados de salud. Fue preparado para ser capaz de proveer diagnóstico especializado y procedimientos terapéuticos en áreas tales como pruebas de función pulmonar, análisis de gases en la sangre arterial, administración médica de gases, terapia de humedad y aerosol, control de las vías respiratorias, resucitación cardiopulmonar, y apoyo ventilatorio de poblaciones neonatales/pediátricas y adultas. Es un programa de 74 horas crédito compuesto de 6 semestres y al graduarse fue elegible para tomar el examen de inscripción administrado por la National Board for Respiratory Care (Junta Nacional del Cuidado Respiratorio) para convertirse en un Terapeuta de Respiración Registrado (R.R.T.), porque este programa es acreditado por la “Commission on Accreditation for Respiratory Care – CoARC” (Comisión para la Acreditación del Cuidado Respiratorio).

A sus 27 años de edad, Erick siente que ha madurado una década desde que se graduó a finales de 2014 en St. Augustine College. “Yo estoy casi todo el tiempo en situaciones de vida o muerte, y eso te hace reflexionar de la importancia de tu trabajo y de la exigencia del estudio. Recuerdo que los profesores de SAC nos decían que no nos quejemos de la exigencia del estudio, porque eso iba ser determinante en algún momento para salvar la vida de una persona…  y tenían toda la razón”, reflexiona.

El impacto de su vida comenzó cuando llegó a este país gracias al pedido de su padre que se hizo ciudadano americano. Era diciembre de 2007 y dejaba en El Salvador a sus amigos, su vida y algunas novias, para empezar en un país de lengua desconocida y donde no conocía más a que a sus primos. Como adolescente se puso a estudiar inglés lo más pronto que pudo y fiel a la cultura hispana, su tío lo puso a trabajar para ganarse el pan de cada día en el restaurante familiar. Eso sí, ganando el sueldo mínimo.

“Tres años lavé platos y estuve metido entre ollas y cacerolas cocinando todo lo que pedían del menú. Me cansé y me convertí en taxista a mediados de 2011”, cuenta. Paralelamente, ya terminaba sus estudios e inglés en un City College. Al convertirse en taxista conoció a una persona que cambió su vida. “Era otro taxista que era muy emprendedor. Trabajaba de día y estudiaba de noche, al igual que su esposa. Él estudiaba terapia respiratoria y ella medicina. Ambos se graduaron y son profesionales. Son mis modelos”, dijo.

Fue esta persona quien lo convenció de ser un terapista respiratorio. “Me puse a investigar y descubrí que cerca de donde vivía estaba SAC que ofrecía este programa y que tenía muy buena reputación. Me presenté y desde entonces mi vida cambió porque me trataron como si fuera de la familia. Recibí muy buena educación y apoyo para superar los difíciles momentos de los exámenes. Siempre voy a recordar a mis maestros como el Dr. Criollo, Del Carmen, el Dr. Ortiz… todo el departamento fue clave para mi carrera. Así como los consejeros”, dijo. Mientras estudiaba, seguía haciendo taxi hasta que se graduó y empezó a trabajar en el hospital Monte Sinaí.

“Es una carrera muy sacrificada, pero ser terapista me ha abierto muchas puertas. Costó trabajo porque la exigencia académica era grande, porque así lo requiere la carrera, y fue bueno porque me acostumbré a la exigencia y al desafío de aprender con esfuerzo y sacrificio. Dejé muchas fiestas de lado por estudiar largas horas para los exámenes… pero realmente todo valió la pena”, dijo. “Yo recomiendo esta carrera a todo aquel que quiera impactar en la vida de la gente, porque va a tener en sus manos la salvación de una vida. Es emocionante y muy gratificante espiritualmente. Me siento muy feliz de haber elegido esta carrera y por supuesto muy agradecido de SAC por ayudarme a convertirme en lo que soy”, concluyó.  Hernández que hoy trabaja como Terapista Respiratorio en el Hospital University of Chicago Medicine.

POR EDUARDO ALEGRIA